martes, 13 de septiembre de 2011

Mamá quiero contarte

Mamá quiero contarte que Dios me regaló un ángel, lo puso en mi vientre y ahora su corazón late dentro de mí y ahora comprendo lo mucho que me amaste, lo mucho que por mi esperaste y todo el temor que sentiste, las noches de desvelo, los días malos y los días buenos que sufriste por las hormonas.
Hoy entiendo toda tu preocupación por que temías que me pasara algo malo, hoy entiendo todos tus besos y abrazos hoy entiendo lo feliz que es sentir ese ser dentro tuyo imaginando la vida con un nuevo rumbo con nuevos planes, con nuevos intereses y sueños.
Cuando empezaste a sentir mis pies y sonreías hoy se lo que vivías yo hoy lo estoy sintiendo y es por eso que comprendo porque una madre es insustituible, se puede amar de muchas maneras pero nunca nadie que no haya vivido esta experiencia puede querer tanto como una madre a ese ser que creció en su vientre, que esperó impaciente, que trajo al mundo con un dolor inigualable, que alimentó con su leche ese cuerpecito indefenso, que enseñó a dar sus pasos, a vestirse a comer, que sonreía con su sonrisa y lloraba sus lágrimas...
Se mamá que te has ido antes de tiempo, también yo como tu hija te amaba como tú a mi...hoy me cuesta respirar cuando pienso en que te fuiste, que no puedes compartir conmigo toda esta felicidad.
Hoy le pido al cielo que  mi hija tenga tu mirada para cada vez que la mire tenerte junto a mí para amarte como te amo a cada instante, para sentir que aunque no estás nunca me dejaste, para que al abrazarla te tenga junto a mí. Una madre es lo más grande, insustituible, irremplazable, el amor que nunca parte, que ni la muerte puede arrebatarte.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Huellas en el lodo.


Mar de caras tristes. De sueños imposibles. Inocencia que se va entre juegos fugases. Escondidos entre el anonimato de la selva húmeda, donde los pies descalzos dejan huellas en el lodo y abren caminos. 

domingo, 11 de septiembre de 2011

Mango tin

Hoy me regalaron un mango tin, no sé si aparezca de esa manera en los libros de botánica pero en mi tierra se llama mango tin.
Al sentir su sabor no pude evitar regresar en el tiempo cuando tenía siete años y estaba en la  primaria.
 Siempre iba a casa de un amigo que tenía un árbol de mango tin y nos sentábamos en el suelo a comernos uno a uno los frutos para después jugar de guerra con las semillas, manchando la ropa y las paredes.
 Hoy por primera vez en muchos años añoro tener esa edad en la que mi madre me regañaba por el desastre ocasionado a la ropa pero podía verla sentirla, nadar en sus profundos ojos verdes y saber que estaba allí…para mí.
 Hoy no tengo a mi madre a mi lado, y a mi amigo no lo he vuelto a ver desde hace ya casi diecisiete años. 
Al pasar por frente a su antigua casa, el árbol sigue esperando los niños de ayer.
¿Por qué el tiempo nos cambia?
 Si nos encontramos es probable que nos demos un estrechón de manos hablemos de la familia de lo mucho que hemos cambiado, de los que han muerto, de los que no vemos en años.
¿Por qué nos hacemos serios?
Si por dentro añoramos estar nuevamente jugando bajo aquel árbol.
 Es imposible vivir el presente sin recordar el pasado si hasta una fruta nos quita algunos años.

Mi Ventana

Miré por la ventana y me encontré con un árbol que bailaba al compás del viento y pensé, ¿por qué siendo tan grande permites que el viento te mueva a su antojo? El árbol continuó su balanceo y sin responder vi como algunos frutos danzaban hasta el suelo.
 ¿Cómo puedes permitir árbol que el viento desprenda tus hojas y tus frutos y las tire sin compasión?
 El árbol en silencio continuó su juego y sin dar importancia a mi observación permitió que nuevas hojas y frutos se desprendieran.
Continué en la ventana y vi un rayo de sol que insidia contra una pequeña florcita que ya marchita amenazaba con morir.
¿Qué pasa  triste flor?;  ¿por qué no reclamas al sol que dirija sus rayos a otra parte?
La flor sin responder continuó al instante luchando por vivir bajo el sol.
Hoy comprendo que hay situaciones que por más incómodas que parezcan son parte de la vida, que hay que sobrellevarlas, vivir con ellas, porque aunque luchemos sin cesar el viento no dejara de soplar ni el sol de brillar.
Ellos han estado que la tierra se formó, antes de que nuestros abuelos la poblaran y en realidad nosotros partiremos antes de que ellos partan.
No tiene sentido entonces luchar contra lo ineludible.
 Es mejor, solo bailar al compás del viento, cubrirnos del sol y de la lluvia.
Puede que tu viento sea una mala relación de familia, que sea tu pareja o tus padres los que te arrancan los frutos y las hojas pero debes tener presente que por cada hoja que cae al suelo nacerán muchas más y ese fruto que cayó puede servir de alimento a alguien más. Mientras  sigues creciendo y haciéndote fuerte el mundo continuará su curso sin interrumpirse o alterarse por lo que pienses o sientas.
 Puede que tu sol sea tu trabajo y tu lluvia ese hijo que no fue lo que pensabas, pero debes continuar danzando y tu raíz te sostendrá aunque los vientos sean huracanados.
 Cuando el sol amenace con calcinarte siempre llegará la lluvia que te ayudara a seguir adelante solo hay que ser fuerte y tener paciencia.
Todo esto lo aprendí con tan solo mirar por mi ventana.

Temor

Llega la noche y te veo llegar siento tus pasos lentos y tu respiración, esperas silencioso en una esquina mientras yo trato de ignorar que estas allí. Leo el periódico y siento tu mirada leyendo cada uno de mis pensamientos, adivinando que pienso de los titulares y mi sátira sobre la política y todas la noticias amarillistas que pudieron recolectar unos idiotas.
La noche progresa con su ritmo habitual, yo se que esperas paciente la hora en que me dirija a la cama, te siento...te siento mirarme y me da miedo porque sé que deseas atormentarme.
Siento miedo a dormir y a moverme, porque soy vulnerable a tus manos frías que sujetan mi cuello hasta asfixiarme para luego dejarme vivir y seguirme atormentando.
Son ya varias noches que llegas a visitarme y veo tu transparencia colarse en las paredes como algo inexistente que para mí es innegable y no fingido.
Cada noche de parálisis y apnea te llevas parte de mi cordura... noche tras noche y mientras poco a poco voy desapareciendo se van también mis delirios porque sé que en una de esas ocasiones vendrás como ladrón colándote entre barrotes para robarte el juicio que me queda y esta tambaleándose como una lágrima en la barbilla propensa a caer de forma inevitable.

Calles del silencio

Caminare por la calle empedrada, el viejo caserón me da la despedida, ya la los platos de la cena están lavados, con ellos los deberes de hoy se han cumplido. Caminaré por estas calles estrechas con el rocío de la noche humedeciendo mi cara mientras el fulgor del sol nos dio su despedida y la noche nos cubre precavida.
 Los faroles regalan su luz tenue, el viento despeina mis cabellos, lágrimas me corren por el pecho que con el vaivén de la brisa queda al descubierto.
Caminaré con la mirada fija, con la mente penetrada en un recuerdo mantendré en mis labios una sonrisa aunque mi alma muera sin remedio.
El arco que cruza la calle que con su inmenso reloj nos regala el tiempo, tiempo que pasa sin tregua, que a medida que avanza va absorbiendo los suspiros, las canciones las risas y los sueños.
Es dura la vida si en el fondo ignoramos, cuáles errores son los que siempre cometemos y por una maldición paso tras paso las mismas fallas van causando que lo que más amamos lo vamos perdiendo.
Sigo avanzando cruzando las callejuelas los balcones vacíos los jardines desiertos, la gente reposa cansada del trabajo los niños descansan en el calor del hogar. Las risas se guardan para salir con el alba, las lágrimas se evaporan y el alma se dispone a descansar.
El destino es algún parque donde mi cuerpo hecho trizas pueda descansar, viajar con mi mente hacia alguna parte ya que mi organismo no quiere continuar.
Miro al cielo y las estrellas titilan como testigos mudos de todo mi sufrimiento.
 El dolor más grande es el que se sufre en soledad, sin alguien que te apoye y te inspire seguir viviendo.
Allá a lo lejos esta Orión con su imponente postura gallarda en la distancia en su cintura un grupo de galaxias, su espada en su funda que amenaza al paso del tiempo que lo trae hasta aquí, el Orión que vemos ya es el pasado el brillo extinto de lo que fue... el gobierno de un cielo que no le pertenece librando batallas que nadie merece y siendo admirado de lejos sin siquiera saberlo porque las nubes y el espacio infinito se suelen llevar, palabras de aliento caricias y sueños que algunas personas prefieren callar. Y así será que aun cuando muera, su luz llegará a nuestra vida y el Orión que yace muerto nos dará divinidad, solo…aunque tenga muchas personas que de lejos lo admiran pero el problema es que no lo intentan alcanzar. Jamás supo que vivió después de muerto, jamás supo que miradas y suspiros pudo arrancar, con su brillo el tiempo se llevó el recuerdo y solo en los libros logrará ser inmortal.
La cruz del sur me muestra que mi cuerpo no sabe en qué parte del mundo se ha puesto a descansar, no sé donde estoy en el planeta soy tan insignificante en tanta inmensidad.
La luna esplendorosa como una sonrisa se asoma entre las nubes que la nublan al pasar, la luz se cuela tímida entre las ramas, que se mesen por la brisa, reina el silencio en esta fría noche lo que facilita a mi cuerpo pensar para escapar.
Siento que estar sola puede ser bueno, mi mente me indica que me equivoco pues le temo a la soledad es como un cáncer que carcome mis huesos, un dolor que quema y no me deja respirar.
Le temo a no tener nadie que mis caricias le devuelvan la vida, temo ver el tiempo pasar, temo morir sin sentir caricias en mi lecho de muerte, temo a no escuchar “te quiero” y que sea de verdad.
Las luciérnagas danzan en las flores, como perlas brillan en el jardín, mi cerebro indica que ha llegado el momento de regresar a la tierra y deje atrás la inmensidad del firmamento que hasta los luceros necesitan dormir.
Camino por las mismas calles, paso por el arco del reloj y por el farol de luz tenue, los jardines solitarios los balcones y a lo lejos el viejo caserón que me espera con su luz distante, testigo inseparable.
Coloco la llave en el cerrojo quito la tranca que guardó mi bienestar, las cosas materiales descansan en sus sitios, y el silencio que taladra y que no quieres escuchar.
Debo dormir para que el sol me despierte, para un nuevo día comenzar, viviré mis afanes y cuando la noche llegue vagaré como siempre, por la calle de piedra, por el farol y el gran reloj, reposaré viendo estrellas en algún parque, así pasara el tiempo hasta que distante brille como Orión. 

TIEMPO

¿Quién eres? Pregunto al vació sin tener respuestas y es entonces cuando tu voz entre las tinieblas se escurre.
Soy el tiempo.
Tiempo, ese que se pasa lentamente en una noche de insomnio, el mismo tiempo que se detiene en una fotografía. Soy el tiempo que vuela ante la risa y antes de partir.
Soy el tiempo que pierdes en planes absurdos con momentos que jamás vivirás porque lo que imaginas nunca se realiza y aquello a lo que temes se hará realidad.
Soy el que todos desean recuperar. El que una vez pasado todos creen que fue desperdiciado pero “el hoy” que es el futuro tan esperado, al ver que nada es como lo soñado, se va pronto a convertir en pasado. Ese pasado que en algún momento también estaremos extrañando.
Soy ese tiempo que te falta por vivir, con todas las altas y las bajas con todas esas risas y las lágrimas soy ese tiempo que ya no quieres sentir.
¿Por qué mientras algunos piden tiempo para superarse, tú con todas tus fuerzas pides hoy que me marche y que ese tiempo que falta no lo tengas que vivir?
¿Qué dolor puede ser tan grande que con manos sanas y espíritu indomable me pides hoy que para siempre me marche pues ya no quieres tiempo para seguir?,
 ¿Por qué siempre que tropiezas te quedas en el suelo esperando que alguien te levante si tienes piernas firmes y te has parado sola muchas veces antes?, el tiempo es el mismo aunque quieras llamarme pasado no he quedado atrás si de la mano me has traído hoy  con los recuerdos de todo lo que pasó y no has superado, no me llames presente si prefieres el silencio a una palabra amable, si prefieres la soledad a que alguien  te ame. No me llames futuro si es algo que no quieres vivir, si cada movimiento del reloj que se acompaña de tu respiraron para ti es lastimero si cada vuelta que da el reloj para ti es un retroceso una cuenta regresiva que te acerca al infierno.
¿Qué te ha hecho la vida para que la odies tanto?, ¿que el tiempo no te ha regalado?, dime por favor porque prefieres que el llanto te haga sonrosar y no un abrazo. Porque sientes que estás sola si eso es lo que has deseado, todo tiempo es mejor cuando se convierta en pasado.
Ya el mañana te sorprenderá con algo que te llene de aliento durante algunos años y luego regresarás aquí en este predio solitario a implorar la muerte como siempre has suplicado. Y la muerte llegara cuando te incorpores y encuentres la felicidad tan anhelada cuando mas quieras vivir tocara tu puerta y terminara tu vida tan detestada. Y allí sin flores continuara el tiempo, pasando y cambiando tu figura tu insignificante vida tan odiada será olvidada y hasta de la lapida tu nombre se llevara el viento.
Es por eso que te pido que no anheles la muerte como solución si la vida no es distinta a estar en un cajón.
 La vida es eso, regar las flores con tus lágrimas hasta tener un jardín.
Cuando todo pasa decorar tu casa con esas flores llenas de colores luego partes después se marchitan y otro las riega y empieza el ciclo como una canción.
Volverás a llorar eso es seguro, volverás a reír,  volverás a planear, a lastimar, olvidando que hoy tu vida es un asco y que has venido a la nada a llorar.
El tiempo me dio la espalda la soledad reino nuevamente en el lugar mire mi reloj y continuaba con su monótono tic-tac.   

El día que todo salió mal

Esta es la historia de algo que a nadie le ha pasado, esta es la historia de un día en que los astros se alinearon y las cosas resultaron simplemente...mal.
En la mañana el sol no quiso dar sus destellos y la ropa empapada por la lluvia amenazaba con asfixiar los poros. Los zapatos enlodados resbalaban por las aceras y los paraguas se invertían por la incesante e intensa brisa, nada podía ser peor. En las calles los carros no avanzaban a causa de la escasa visibilidad, los pitos de los trabajadores responsables que ansiaban llegar a sus trabajos ensordecían al combinarse con los gritos e insultos que se propinaban los buceros contra el resto de conductores y viceversa.
Allí estaba yo, con mi saco empapado, los zapatos enlodados llegando tarde al trabajo. El ascensor no funcionaba por falta de energía eléctrica ya que la fuerte tormenta había derribado algunos troncos sobre las cuerdas de energía.
Después de subir los cinco pisos del edificio de oficinas dispuesto a sacar el presupuesto con los archivos a falta de computadora recibe una llamada del jefe quien con una cara de seriedad y supuesta preocupación, máscara sarcástica de risa y poder, decide poner en mi mano una carta que al leerla descubrí que era mi despido. Con un nudo en la garganta vi el mundo moverse en cámara lenta sin sonido, solo movimientos lentos de todo a mí alrededor como si el mundo en su afán de alargar el tiempo quisiera guardar esa escena de mi vida como la de una película dramática norte americana.
Llegue a mi oficina, a la que era mi oficina, tomé algunas cosas las eché en mi aún húmedo maletín. No dije palabras, solo contuve mis emociones y en medio de un sabor a lágrimas en mi garganta y un palpitar enérgico e incesante de mi corazón decidí partir sin mirar atrás sin despedidas, sin lamentos.
Baje grada a grada la escalera piso a piso hasta llegar al lobby. La lluvia se veía amenazante a través de las puertas de cristal. Salí como zambulléndome en una gran piscina de agua vertical que se confundía al aportarle  mis gotas de agua salada.
Camino a casa mi mente buscaba explicaciones, para decirle a mi esposa lo que había pasado. Sé que es cuestión de tiempo encontrar otro trabajo mientras tanto debemos administrar los ahorros y tratar de disminuir algunos gastos innecesarios como las idas al cine o a comer fuera los fines de semana.
Llegué a la casa muy temprano, sé que fue mi error y no el suyo. Ya que la cita que ella había programado estaba sujeta a mi horario. La cara del tipo… ¡aún la recuerdo! Una máscara  mezcla de terror con un ¡nos pillaron!
 Aunque ya no fui yo el que tuve que dar explicaciones. Pensé que eso me ahorraría más gastos de lo esperado.

Inmortalidad

Tengo en mis manos un libro de cantos y poesías infantiles copiados por mi madre hace ya mucho tiempo.
Sé que ella cuando transcribió todas esas cosas no lo hizo con la intención de que yo hoy más de veinte años después las tome en mis manos como uno de los pocos recuerdos materiales que me dejó.
 La imagino allí con sus grandes ojos verdes, sentada en la mesa del comedor, pasando largas horas buscando cuentos y canciones para plasmarlos en este cuaderno.
 Muchos de ellos, al leerlos, me llevan al momento en que los escuché de sus labios, con esa voz que casi olvido, sentada al lado de mi cama o meciéndome en la silla de madera en  mis largas noches de tos y fiebre.
Ella nunca imaginó la importancia que hoy tiene este libro.
Tal vez algún día, algún familiar, tome algunos de mis escritos y estos sean para él, algo tan significativo como lo es para mí hoy este cuadernito de hojas amarillas, de pasta desgastada, escrito a mano con tinta azul. 

La debilidad del poder:

El poder se sube a la cabeza más rápido que la razón.
Dale poder a una mariposa y la convertirás nuevamente en gusano; pero se creerá  un águila.
Dale poder a una rata la harás creer murciélago.
Dale  una gota de poder a un humano y lo verás transformado en un cerdo, bípedo dotado del don del habla caracterizado por lo irracional, impulsivo y logorreico. Lo harás  insoportable.  Peor aún, si cree tener poder como el rey de un castillo de naipes, ignorando que puede se caer en cualquier momento.

Bienvenidos

Hola papel.

Soportas mi dolor sin protestar.

 ¿Sabes?... El reloj marcó las doce nuevamente. Como siempre dio su giro y regresó al mismo lugar.

Así, cuando todo bailó, vi las horas pasar, el mundo. Mi destino me rebotó. Ahora  estoy aquí escribiendo como antes...como siempre.
Si pudiera cambiar algo ¿qué sería? Tal vez pediría guardar silencio...poder irme lejos; pero hoy debo estar en este encierro complicado y difícil.
Como siempre, papel, has soportando mis quejas, mis alegrías, mis penas.
 Sé que lo primordial ha quedado escrito en tu búsqueda, lector.